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¡Deja de ir de víctima y actúa!

¡Ya me tienes harto! Vale, es verdad que no me conoces, pero aunque no seas consciente, me estás perjudicando... A mí y a todos los que nos dedicamos a trabajar en la gestión de personas. Todo tu entorno percibe que eres un "Calimero". Las personas como tú, al principio dan penita, pero luego dan rabia, porque no actúan y no hacen nada por no salir de su pena constante. ¡Espabila! Si no lo haces tú, otro demostrará que, en contra de lo que dices, RRHH puede aportar muchísimo valor a la compañía.

Todavía no lo entiendes, ¿verdad? Pues sal de tu despacho de una puñetera vez. Ya va siendo hora de que conozcas de verdad el negocio. No puedes aportar nada a algo que no conoces. Ni siquiera eres capaz de explicar el catálogo de productos o servicios de tu empresa y pretendes ser algo más que "el/la chico/a de los permisos". Al menos, espero que esta mañana hayas dado los buenos días a todos esos compañeros que crees que están muy por debajo de ti en el organigrama.

Te quejas porque no te hacen caso desde arriba, porque no te sientas a la mesa de "los que mandan". ¿Te has preguntado si te entienden cuando hablas? No se trata de aparentar que estás muy puesto en las modas del "management", sino que tus propuestas sirvan para algo mucho más simple: vender más o gastar menos. 

¿Recuerdas cuando empezaste? Creías que ibas a cambiar el mundo, pero cuando te dijeron que no un par de veces, te viniste abajo y tiraste la toalla. En realidad sólo necesitabas ganar un poco más de confianza para que te hicieran caso, porque la confianza tienes que ganártela, no se regala.

Dices que no tienes ninguna capacidad de influencia porque te gustaría sentarte a la derecha del CEO en todas las reuniones y sabes que estás muy lejos de esa situación. Si dependiera de ti, ¿sentarías a tu lado a alguien que se queja de todo pero que no aporta más que teorías? ¡No tienes ni puñetera idea!

Todos los procesos de selección pasan por ti y los gestionas uno tras otro como si trabajases en una cadena de montaje. Tú decides quién entra o no en la compañía. Posiblemente también influyes en quién sale de ella. Esto supone que podrías ir definiendo los nuevos valores y culturas que se van incorporando a la organización, pero tú decidiste abandonar tus valores ya hace mucho tiempo.

Haces el plan de formación como un autómata. Con un poco de suerte, hasta puede que hagas un "copiar y pegar" del año pasado sin que nadie se de cuenta. Crees que eres el más listo por trabajar menos, pero tienes en tu mano la posibilidad de ayudar al desarrollo técnico y profesional de tus compañeros y a hacer tu empresa un poco más competitiva. Lo malo es que para conseguirlo, deberías levantar el culo de tu silla para hablar con ellos y con sus jefes de sus expectativas, motivaciones, etc.

Lloras porque los buenos se van y se quedan los malos. Crees que todos lo hacen por el mismo motivo que lo harías tú, así que ni siquiera hablas con ellos para saber por qué se van. "Es que mi Dirección es del puño agarrao", pero ni siquiera has presentado un estudio retributivo de la compañía.

Al menos eres consecuente: Si ya no te identificas con tu compañía, no tiene sentido que trabajes la marca empleadora. El problema es que cada vez que tienes que contratar a alguien con un perfil un poco complicado, vuelves a quejarte de que tu marca no es atractiva (y eso obviamente depende de tu Dirección, jamás de ti). 

Yo no quiero que la gente perciba que los de RRHH somos como tú. Nadie dijo que fuera fácil, pero no lo es nuestra función ni ninguna otra. Por favor, intenta recordar por qué te empezaste a dedicar a esto, trata de plantear cómo puedes justificar el sueldo que cobras a final de mes y por qué crees que un CEO debería tenerte en cuenta. Si no eres capaz o si descubres que has perdido la ilusión para siempre, aparta. Detrás de ti hay gente que de verdad cree en este departamento.

Por último quiero dar las gracias a Eugenio de Andrés. Una charla con él ha inspirado, entre otras cosas, esta entrada.


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