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miércoles, 26 de julio de 2017

El empleado imprescindible

A estas alturas de la película, doy fe de que todavía hay trabajadores que se consideran imprescindibles para la viabilidad de sus empresas. Decía Sam Walton, fundador de Walmart que hay un solo jefe: el cliente. Y él puede echar a todos, desde el presidente de la empresa para abajo, simplemente yendo a gastar su dinero a otro sitio. Evidentemente, no le falta razón. Así que si hay una persona imprescindible, es el cliente.

Pero ¿y dentro de las empresas? ¿Hay trabajadores imprescindibles? No conozco ningún caso de ninguna empresa que haya cerrado por perder a un empleado, por mucho talento que éste tuviera, independientemente de la responsabilidad que tuviera dentro de la organización. Es cierto que la marcha de algunas personas puede ocasionar muchos problemas a corto plazo, pero se acaban solucionando a medida que la empresa se adapta a la nueva situación.

Parece evidente que nadie es imprescindible, pero he comprobado como hay personas que no tienen esta idea realmente interiorizada. Lo peor es que la sensación de que la persona se siente imprescindible correlaciona directamente con la altura de su posición en el organigrama. Esto genera problemas de delegación, confianza y, como consecuencia, de falta de motivación e implicación en los equipos.

Antes hablábamos del fundador de Walmart. Imaginemos que durante un par de semanas, su fundador y altos directivos no se presentan a trabajar. ¿Que pasaría? ¿Y si no se presenta ningún cajero durante dos semanas? Está claro que el problema sería mucho más grave. Este caso se puede extrapolar a cualquier empresa. Los jefes de muchas pymes saben que cuando ellos no están presentes, sus empleados aplican un plus de responsabilidad y pocas veces hay una repercusión evidente en el servicio. Aquellas personas que trabajan más cerca del cliente son las más importantes, aunque no sean imprescindibles y los que están más alejados de la gestión directa con el cliente deben aportar valor real apoyando a los primeros.

miércoles, 5 de julio de 2017

2 muestras de paternalismo en el mercado laboral

En el argot de los departamentos de RRHH abundan conceptos que presuponen la importancia y la madurez del empleado. Hablamos de delegar, de talento, de liderazgo... Son términos con los que presuponen a empleados capaces de desarrollar su potencial de manera autónoma. Sin embargo, en este contexto hay hechos que chirrían. Veamos dos muestras claras de cómo la mayoría de empresas siguen tratando a sus empleados como personas inmaduras e incapaces de gestionar:
  • Las pagas extraordinarias. La mayoría de empresas cuenta con dos pagas extras, una en verano y otra en la época navideña. ¡Seguimos perpetuando una costumbre que nació en 1940! Para algunos es ideal, ya que permite afrontar los gastos de las vacaciones de verano y los de los regalos de Navidad. Algo que nació como un parche del franquismo, se ha perpetuado para hacer frente a las dos épocas con más gastos del año, ya que se presupone que el empleado es incapaz de gestionar sus ingresos mensuales. Mientras, lo que realmente sucede es que el empleado está haciendo un préstamo a su empresa con un tipo de interés del 0%. Por cierto, ¿por qué las seguimos llamando extraordinarias si son una parte más de la retribución del trabajador?
  • La cesta de Navidad. ¿Qué sentido tiene? ¿Es el empresario quien debe decidir por el empleado lo que éste va a poner en la mesa durante las fiestas navideñas? Es como si a todos los trabajadores de una empresa les tuviera que gustar el mismo tipo de vino y de jamón...

Son sólo dos muestras, pero en cada empresa podemos encontrar más. Lo curioso es que es un círculo que se retroalimenta, ya que la experiencia me dice que es cierto que muchos empleados no son capaces de gestionar sus ingresos y constantemente tienen que estar pidiendo anticipos a la empresa para hacer frente a cualquier gasto extraordinario que pueda llegar. 

Sólo hay una fórmula para que el empleado sea responsable: dar autonomía y exigir responsabilidad. Al fin y al cabo, la gestión de personas se resume en cuidar y exigir.

Dime cómo es tu equipo y te diré cómo eres tú

La realidad que vivimos no es objetiva. Realmente sentimos la interpretación subjetiva que hacemos de esa realidad. El mismo estimulo es in...