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lunes, 28 de octubre de 2013

RRHH o gestión de... emociones

La resiliencia es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones que permiten avanzar en contra de la corriente y superarse.
Me gusta la palabra. Es difícil de pronunciar y suena muy técnica y profesional. Sin embargo, todo el mundo ha hablado alguna vez de esa capacidad en términos coloquiales: "eres fuerte o no eres fuerte".
Desde siempre, cada individuo reacciona diferente frente a los estímulos externos: algunos toman actitudes positivas, superan los obstáculos con valentía y sacan provecho de ellos, mientras que otros se quedan estancados, enredados en recuerdos negativos durante mucho tiempo. 
Las épocas de vacas gordas quedaron atrás. En el ámbito laboral todo ha cambiado. En RRHH ya no somos palomas, sino halcones y las malas noticias son, desgraciadamente, predominantes en la mayoría de empresas. Sin embargo, frente a esta situación, algunos trabajadores se hunden y otros no. El estímulo es el mismo para todos, pero la manera de interpretarlo e interiorizarlo no. Ahí es donde aparece algo realmente fundamental en la gestión de las personas: las emociones. La interpretación de cada estimulo exterior la hacemos en base a nuestras creencias, expectativas, deseos, es decir, en base a nuestra experiencia anterior y esa es única, personal e intransferible.

Las emociones guían nuestra atención hacia lo que nos interesa o nos preocupa, estableciendo prioridades en nuestro pensamiento. El típico "hay que dejar las preocupaciones en la puerta de entrada" es utópico. La persona es ella y sus emociones y pensamientos. No se pueden desligar, aunque se puede trabajar como afronta cada uno sus preocupaciones.
La misma persona trabajará de formas muy diferentes en función de lo que esté sintiendo en cada momento, por lo que trabajar las emociones es vital para las organizaciones. Es posible que, como personas que somos, creamos que nuestra reacción frente a un mismo estímulo hubiera sido diferente, pero es nuestra obligación entenderlas y trabajarlas.
  • Comunicación: Expliquemos el motivo de nuestras decisiones para que la gente pueda entenderlas (aunque no las acepte). Demos ya hecha la interpretación de cada estímulo negativo.
  • Escucha activa: Intentemos entender lo que preocupa a cada uno de los miembros de nuestros equipos.
  • Bajemos al mundo real: Es imposible gestionar emociones desde el despacho. Hablemos con nuestra gente cada día. Es imprescindible que nos sientan a su lado y que no nos teman.
  • Comprendamos: Lo que para nosotros puede resultar un problema sin importancia, a nuestra gente puede parecerle el un obstáculo insalvable.
  • Apoyemos: No se trata de mimar, sino de cuidar a la persona como tal.

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