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viernes, 20 de octubre de 2017

Dime cómo es tu equipo y te diré cómo eres tú

La realidad que vivimos no es objetiva. Realmente sentimos la interpretación subjetiva que hacemos de esa realidad. El mismo estimulo es interpretado de diferente manera en función de quién lo recibe.

A modo de ejemplo tonto pero muy habitual: en una misma oficina podemos encontrar personas que se quejan del frío mientras otras dicen sentir un calor insoportable.

La valoración de los empleados también es inevitablemente subjetiva. Además, para economizar recursos, las personas tendemos a etiquetar para simplificar nuestros análisis. Así, hablaremos de "el vago", "el conflictivo", "el currante", etc, pero estas etiquetas pueden ser diferentes a las que considere otra persona, ya que lo que percibimos de los demás no es la realidad, sino nuestra interpretación de la misma.

A lo largo de mi experiencia he encontrado jefes que se quejan de forma constante de sus equipos y excusan la falta de resultados con la incompetencia de sus subordinados, aunque ya vimos que esto podía suponer un error de interpretación de la realidad, pero este tipo de afirmaciones nos dice muchas cosas de quién las hace:


  • Reconoce su incompetencia para gestionar un equipo difícil, ya que no es capaz de reconducir esa situación de ninguna manera.
  • Es incapaz de delegar, ya que considera que no hay nadie en su equipo capaz de asumir un mínimo de responsabilidad.
  • No asume responsabilidades, ya que él/ella es el máximo responsable de los resultados de su equipo.
  • Es un jefe/a inseguro/a y con poca capacidad de asumir riesgos, ya que si realmente todo su equipo fuera incompetente, debería haber empezado a gestionar medidas disciplinarias desde hace ya algún tiempo.
  • Gestiona un equipo totalmente desmotivado, ya que es imposible implicarse con un líder que se queja públicamente y de forma constante de tu incompetencia.
  • Es una persona con poca empatía, ya que no se pone en la piel de los demás para intentar entender ese bajo rendimiento. En general, se limita a condenarlo sin preocuparse de conocer las posibles razones.
  • Pierde tiempo en quejarse cuando podría estar trabajando y ayudando a su equipo.
  • Su victimismo suele reforzar su actitud. Generalmente, se pasan el día lamentándose, hasta el punto que encuentran un importante refuerzo a su actitud en el lamento y la queja, asumiendo su rol de víctimas y tratando de llamar la atención sobre la incompetencia de sus subordinados.
Evidentemente, cuando un/a jefe/a habla de manera positiva de su equipo, refleja todo lo contrario.

Por lo tanto, la evaluación que un responsable haga de su equipo, puede decirnos mucho de él/ella.

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