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miércoles, 17 de junio de 2015

Democracia y empresa

Hay frases que anticipan el mensaje que las sigue aunque parezca todo lo contrario. Por ejemplo, cuando alguien dice "yo no soy racista..." está claro que sigue un comentario racista. Sucede algo parecido también en el entorno empresarial. Cuando un/a directivo/a remarca mucho que para él/ella lo más importante son sus empleados... malo. Si al que lleva el tema de PRL le repiten hasta la saciedad que lo más importante es que nadie se haga daño... malo.

Cuando era pequeño, mi padre hacía lo mismo. Me decía que todo lo que había en casa era de todos y que había que compartir. Eso sí, cuando había un partido de fútbol, yo no podía ver nunca los dibujos. Según él, todos éramos iguales, pero si no le parecía bien lo que yo quería hacer, siempre acababa imponiendo su criterio. Ni siquiera tenía la posibilidad de negociar un poquito. ¡Que rabia! El problema es que yo ahora hago lo mismo con mis hijas...

La empresa en este aspecto es una réplica de lo que nos sucedía cuando éramos pequeños. Nos regalan los oídos diciendo que participamos activamente en todas las decisiones que se toman. Fomentan nuestra participación, nos dicen que todos somos iguales, pero... Nunca es así. Hay ciertas licencias que sólo se permiten a quién tiene cierta responsabilidad. Pueden ausentarse del trabajo sin justificar nada documentalmente, pueden hacer un descanso fuera del horario establecido, pueden irse a almorzar con otros jefes y ¡¡cobran mucho más!!... Y por supuesto, cuando hay que decidir algo, siempre se impone la opinión de la persona con mayor rango jerárquico. Y esto duele. Igual que nos dolía cuando éramos pequeños y nuestros padres podían quedarse hasta más tarde viendo la tele, podían fumar o beber café.

A medida que creces entiendes que aunque lo políticamente correcto es decir que todos somos iguales, en realidad no es así. Porque mi padre se levantaba mucho antes que yo para ir a trabajar, se responsabilizaba de darme una casa, comida, etc. De hecho, si me hubiera dejado hacer siempre lo que yo quería, mi educación hubiera sido un desastre. 

El jefe puede entrar y salir cuando quiere, pero suele ser quién hace más horas, quién asume mayores responsabilidades y quien asume el riesgo mayor en la gestión de la compañía.

A partir de aquí, asumamos el papel que nos corresponde a cada uno. Todos somos libres de montar nuestra propia empresa y cambiar de papel. Pero ojo, porque ahora que soy padre, me gustaría volver a ser un crío.

¿Por qué no nos dejan aportar todo lo que podríamos?

Durante mis años de experiencia en el ámbito de la gestión de personas, he escuchado quejas de colegas sobre el poco peso que las direccion...