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jueves, 5 de marzo de 2015

¿Tiene sentido un "responsable de felicidad" en la empresa?

Hace unos días me pasaron la noticia de que “una empresa de Barcelona, ha sido premiada por tener un responsable de felicidad en la plantilla”. Sorprende, ¿verdad? Parece que la empresa Vortex tiene en su plantilla a una responsable de la felicidad de los trabajadores. Se encarga de escuchar las quejas o preocupaciones, de identificar las necesidades de conciliación familiar, de velar por un trabajo flexible y de que los empleados se sientan cómodos en sus puestos de trabajo. Me suena... Ah, sí, es lo que hace, en la medida de lo posible, cualquier departamento de RRHH. Eso sí, ellos lo han llamado "responsable de felicidad" y han conseguido notoriedad mediática. Un punto para Vortex y su "responsable de felicidad". Me pregunto si habrán fichado al calvo de la Lotería Nacional.

¿Debe hacerse la empresa responsable de la felicidad de sus empleados? Según la Wikipedia, la felicidad es un estado emocional que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. ¿Esto significa que si mi meta es tener un coche de 60.000 euros y tenerlo me va a hacer muy feliz, el empresario debe comprármelo? Es más, ¿qué conseguimos si nos hacemos responsables de la felicidad de un tercero como pueda ser un hijo o una hija? Demos a un niño todo lo que nos pida y conseguiremos a un ser malcriado, desagradecido y, por supuesto, infeliz.


En cambio, la Wikipedia define la motivación como como «la raíz dinámica del comportamiento»; es decir, «los factores o determinantes internos que incitan a una acción». Es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta. 

Para que alguien sea feliz, debe tener claros cuáles son sus objetivos e identificarse con los mismos. Debe saber lo que cuestan pero por encima de todo, debe actuar. Delegar nuestra felicidad a un tercero me parece el acto más irresponsable que se pueda imaginar. Es tanto como dejar nuestra vida en manos de un tercero, independientemente de que sea nuestra empresa, nuestros padres o cualquier otra persona.

Como elemento de marketing puede tener cierta efectividad, pero no nos confundamos: nadie puede hacerse responsable de nuestra felicidad salvo nosotros mismos. Como profesionales de RRHH debemos ayudar a las personas a identificar sus objetivos, a valorar el esfuerzo que va a suponer conseguirlos y, sobretodo, a saborear la verdadera felicidad al haberlos conseguido.

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