En redes sociales

TwitterLikedinFacebookGoogle+

domingo, 21 de diciembre de 2014

El tonto motivado o la evolución de la motivación

Es absurdo reírse de ellos porque en algún momento de nuestra vida laboral todos hemos sido tontos motivados. Basta con elegir a cualquier persona que empiece en un nuevo empleo para encontrar a un tonto motivado. Lo peor de todo es que el tonto no es consciente de que lo es. Los demás lo perciben y atribuyen su ineptitud a un montón de factores secundarios. El principal es que es tonto.

Otro ejemplo es el del alumno que acaba de aprobar el examen teórico del carnet de conducir y se sienta por primera vez en un vehículo. Pobre… Ha salido de casa emocionado. Ya es medio conductor. Se sienta en el coche y empieza a prepararlo todo: cinturón, regular asiento, espejos, etc. Cree que se va a comer el mundo… Hasta que el vehículo empiece a moverse. En ese momento, el profesor/a empezará a corregirle tantas cosas que el tonto pronto perderá el control y se sentirá el peor conductor del mundo.

Sería mucho mejor un listo desmotivado, porque un listo desmotivado no hace nada, ni bueno ni malo. El tonto quiere hacerlo todo, pensando que lo hará todo bien y se marcará un montón de puntos, pero en realidad no dejará de meter la pata hasta que se dé cuenta de su ineptitud y su motivación caiga bajo mínimos.


Todos hemos sido tontos motivados en alguna ocasión durante nuestra trayectoria laboral. Pero, ¿cómo puede controlar esto la empresa? El primer caso es saber que el tonto es tonto y habrá que tratarle como tal: explicarle qué tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, sin darle ningún tipo de tarea que no podamos supervisar de forma muy directa. Es igual su formación y su experiencia. Hay cosas que se aprenden en cada empresa y requieren cierto tiempo. Habrá que centrarse en la tarea.

Cuando el tonto sea consciente de su ineptitud, víctima de sus propios errores, su motivación y autoestima caerá. En ese momento, habrá que acompañarle, animarle y reforzar sus puntos positivos. Siguiendo con el ejemplo del carnet de conducir, estaría en ese segundo día de prácticas cuando el alumno llega a casa pensando que jamás será capaz de conseguir su meta.

Pero el paso del tiempo hará que vaya aprendiendo, siendo consciente de su capacidad real. De forma paralela, será el momento de irle dando más autonomía y responsabilidad. A partir de este momento, podremos considerar que el empleado se va adaptando a la empresa y que el trabajador ha finalizado el ciclo entre el tonto motivado y el empleado adaptado y productivo.

¿Quién es el cliente de RRHH?

Todo trabajador, tanto si trabaja por cuenta propia como si lo hace por cuenta ajena, debe tener muy claro quién es su cliente. Sólo de est...