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martes, 4 de febrero de 2014

Las ventajas de un líder autoritario

Casi todos los manuales de liderazgo hablan de tres estilos dominantes: autoritario, democrático y laissez-fair. Desde siempre se nos ha explicado que el mejor estilo es el democrático, ya que este tipo de líder, guía al grupo y promueve la participación en la toma de decisiones. Por contra, los tipos laissez-fair y autoritarios parecen estilos a evitar por cualquier líder que se precie. Laissez-fair significa "déjalo ser" en francés y, con este estilo, el grupo funciona sin ningún tipo de directriz. Cada trabajador se supone responsable de qué hace y de cómo lo hace, mientras el líder no interviene. El estilo autoritario es el radicalmente opuesto, es decir, el líder dicta qué hacer y cómo hacerlo, sin dar opción a la participación del grupo. 

Como ya hemos dicho algunas veces, al líder también le hacen los miembros de su equipo y es importante que sepa adaptarse a ellos. En ocasiones, el equipo requiere ser liderado de una manera o de otra en función de su experiencia y motivación. No es lo mismo dar una instrucción a una persona que ya domina la tarea y quiere hacerla que a alguien que no la domina o no está dispuesta a ejecutarla. 

Si le falta experiencia, el estilo más productivo de liderazgo será el autoritario, ya que habrá que dictar a la persona paso a paso cómo hacer el trabajo si no sabe hacerlo. Si lo que falta es motivación, habrá que averiguar las causas y tal vez recordarle las consecuencias de no hacerlo si le falta motivación. Es importante que el equipo sepa que hay unas normas mínimas que deben cumplirse. Digan lo que digan los manuales, ni los líderes son siempre varones, rubios, altos, guapos y con mucho dinero, ni los equipos siempre anhelan tener un líder que les marque el camino. 

Una vez el empleado sabe cómo hacer el trabajo, es cuando realmente funciona bien un estilo democrático. Será positivo en este caso conocer su opinión, ya que puede aportar al grupo nuevas formas de hacer las cosas, aunque necesitará apoyarse en el líder de vez en cuando para solucionar los problemas que puedan ir surgiendo.

Sin embargo, a medida que vaya dominando la tarea, tendrá mayor autonomía y funcionará por sí mismo. En este punto, tal vez no sea tan negativo un estilo laissez-fair con un mínimo control de vez en cuando.

En definitiva, no hay un estilo de liderazgo mejor que otro. El buen estilo lo define la necesidad del grupo en función de su experiencia y su motivación.

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