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martes, 5 de marzo de 2013

"Lo siento, yo hago todo lo que puedo"

La frase que titula este post nos suena a todos los profesionales que nos dedicamos a la gestión de personas. Cuando la empresa pide explicaciones a un empleado por su baja productividad, responde con frases del tipo "hago lo que puedo", "yo no paro", etc.

En muchos casos, la reacción a este tipo de frases suele ser la ira del jefe que acude veloz al departamento de RRHH para buscar una solución drástica al problema: ¡sanción!

En realidad, aunque este tipo de frases son poco afortunadas, reflejan una carencia evidente: la falta de indicadores claros de productividad individual. Ya hablamos hace tiempo de la dificultad de cuantificar el trabajo de RRHH, pero a veces, incluso nos cuesta medir la productividad de nuestros equipos.

Para que el cálculo sea correcto debe considerar aspectos cuantitativos y cualitativos, además de ser aceptado como válido por la Dirección y por los trabajadores. Muchas empresas miden los tiempos para realizar una serie de tareas, olvidando por completo la calidad del producto resultante.

El estudio de la productividad debe considerar aquellos factores que son realmente importantes para la organización, teniendo en cuenta las circunstancias de cada momento.



Un error bastante habitual es el de atribuir toda la responsabilidad de la productividad al empleado. No podemos olvidar que se trata del resultado de una ecuación compleja en la que inciden aspectos como la formación, el clima laboral, las habilidades del trabajador, etc. Es decir, una parte del coeficiente será responsabilidad de la empresa. 

Tampoco podemos permitir que el índice de productividad se convierta en una obsesión. Se trata de un dato importantísimo en el desempeño de un empleado pero que debe ponderarse con otros aspectos: actitud, experiencia previa, formación, etc. En el caso de que sea más bajo del esperado de forma más o menos estable debemos analizar detenidamente los motivos antes de tomar una decisión.

Por último, debe darse feedback a cada empleado de su nivel de productividad y de las expectativas que tiene la empresa sobre el mismo para que pueda corregir los posibles errores.

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