En redes sociales

TwitterLikedinFacebookGoogle+

viernes, 14 de septiembre de 2012

Toma de decisiones

Puede que no nos guste o que nos asuste hacerlo pero la toma de decisiones está tan vinculada a nuestra vida personal y profesional que no podemos desprendernos de ella. Es cierto que podemos no tomar decisiones, pero hacerlo ya implica una decisión que, además, nos llevaría a contemplar nuestra vida como meros espectadores. Es positivo acostumbrarse a que las decisiones se tomen de manera proactiva y no reactiva.

Entonces, ¿por qué nos da tanto miedo tomar decisiones? 


  • Por miedo al error, tal como ya comentamos hace un tiempo en esta entrada. El fracaso está tan castigado socialmente que, por miedo al mismo, somos capaces de condenarnos a nosotros mismos.
  • Por eludir responsabilidades. Al no decidir, nos sentimos menos responsables de las consecuencias, olvidando que "no decidir" es nuestra propia decisión.

Las decisiones en equipo suelen ser mejores porque se tienen en cuenta diferentes puntos de vista, pero la toma de decisiones será más lenta y la responsabilidad queda diluida. Además, los equipos pueden proponer tantas alternativas de solución que generen más indecisión. Tener demasiadas opciones sobre las que elegir nos confunde. Por ejemplo, si en un restaurante la carta es muy variada, nos costará mucho más elegir que si nos ofrecen pocos platos para elegir.

Tal como explican Miguel A. Ariño y Pablo Maella en su libro "'Iceberg a la vista', 10 principios para la toma de decisiones", decidir bien no siempre supone acertar. Somos responsables de nuestras decisiones, pero no de los resultados de las mismas. Existen circunstancias que no dependen de nosotros y que pueden alterar negativamente el resultado de nuestra decisión. Sin embargo, hay otra posibilidad más peligrosa: decidir mal y tener suerte. Esta opción nos hará tener consecuencias positivas que nos harán creer que lo hemos hecho bien, repitiendo la misma conducta posteriormente. Si se decide mal, aunque se tenga suerte, a medio plazo llegarán los malos resultados. Por lo tanto, a medio y largo plazo, es más importante decidir bien que acertar.

Los errores más comunes en la toma de decisiones son:

  • Sesgo del exceso de confianza. Nos puede llevar a tomar decisiones muy arriesgadas.
  • Sesgo de anclaje: Tendencia a aferrarse a la información inicial y no ser capaz de ajustarse adecuadamente a la información posterior. Se produce porque parece que nuestra mente da una importancia desproporcionada a la primera información que recibe sobre un tema.
  • Sesgo de confirmación: Buscamos la información que refuerce nuestras decisiones anteriores y descartamos aquella que la contradiga.
  • Sesgo de disponibilidad: Tendencia que tienen las personas a basarse en la información que tienen fácilmente disponible.
  • Escalada del compromiso: Apegarse a una decisión incluso cuando está demostrado que es equivocada.
  • Sesgo de retrospección: Tendencia a creer erróneamente, después de conocer el resultado de un suceso, que habíamos previsto acertadamente dicho resultado. 


A pesar de que no siempre las consecuencias dependan únicamente de nuestras decisiones, es importante que sepamos cargar con las consecuencias y gestionarlas, seguramente la parte más difícil de la toma de decisiones.

¿Candidato o cliente?

La mayoría de empresas dedican grandes esfuerzos al posicionamiento de su marca en el cliente externo. Son menos las que también dedican re...