lunes, 2 de abril de 2012

Miedo a tomar decisiones

La toma de decisiones consiste, básicamente, en elegir una opción entre las disponibles para resolver un problema actual o potencial. Por lo tanto, para tomar una decisión, debe existir la posibilidad de elegir entre diferentes opciones de solución al problema. Si no hay más de una opción, no hay decisión posible. A lo largo de nuestra vida, vamos tomando decisiones que marcarán nuestro futuro familiar, sentimental, profesional, etc. La toma de decisiones suele darnos más miedo por la incertidumbre de saber que pasaría con la opción descartada que por la elección en si misma. Por ejemplo, el problema no es elegir a mi pareja, es dejar de lado a todos/as los/las demás mujeres/hombres que podrían ser mi pareja.

En las organizaciones existen 3 niveles jerárquicos en la toma de decisiones:

  1. Nivel estratégico: alta dirección, planificación global de toda la empresa
  2. Nivel táctico: planificación de los subsistemas empresariales
  3. Nivel operativo: desarrollo de operaciones cotidianas
A medida que subimos en la jerarquía, las decisiones son más trascendentales, porque atañen a otros niveles de la empresa. Por este motivo, a mayor altura en la jerarquía, más posibilidades de tener miedo a tomar decisiones.



Para vencer el miedo a la toma de decisiones es clave el conocimiento de la situación. A mayor conocimiento del problema, tendremos mayor capacidad de previsión sobre las consecuencias de nuestra decisión. Por lo tanto, antes de tomar una decisión, debemos recopilar toda la información que podamos sobre el problema. 

En cualquier caso es recomendable tener claro que:

  • Una buena decisión no siempre lleva resultados positivos. Puede que hayamos decidido bien y los resultados no sean los esperados. Otra decisión hubiera conseguido peores consecuencias.
  • No decidir es una decisión. El miedo puede bloquearnos y no dejarnos decidir. Esto también tendrá consecuencias que conviene tener controladas.
  • Los objetivos que perseguimos deben estar claros desde el principio y ser realistas.
  • Rectificar es de sabios, en caso de que sea necesario.
  • Todas nuestras decisiones tienen consecuencias y debemos asumirlas como propias.
  • No se equivoca el qué no decide. Debemos asumir que tomar decisiones nos llevará a equivocarnos. Si delegamos esa toma de decisiones, también se equivocarán, por lo que debemos ser comprensivos.
  • Reunirnos con expertos en la materia nos aportará más conocimiento sobre el problema, pero un exceso de reuniones nos hará perder el tiempo y puede ser una muestra del miedo a la toma de decisiones.