En redes sociales

TwitterLikedinFacebookGoogle+

viernes, 23 de septiembre de 2011

Estabilidad vs. zona de confort

Hace unos años, en mi etapa como técnico de selección, podía comprobar día tras día como los candidatos no valoraban para nada la estabilidad. En muchas ocasiones me encontré con personas que rechazaban una contratación estable por un contrato de ETT con iguales condiciones económicas. Hoy por hoy, esa situación es radicalmente diferente y la estabilidad es una de las variables más valoradas a la hora de elegir un trabajo.

La estabilidad tiene cosas buenas y cosas menos buenas. Lo que me preocupa es la sensación de que mucha gente confunde "estabilidad" con "zona de confort". Según la RAE estable es que permanece en un lugar durante mucho tiempo. En cambio, según la wikipedia, entendemos por zona de confort el conjunto de límites que, sutilmente, la persona acaba por confundir con el marco de su íntima existencia.


La estabilidad nos aporta la tranquilidad de saber que cobraremos a final de mes y que no tendremos que preocuparnos por el pago de la hipoteca. Si sentimos que nuestro trabajo es estable, tampoco tendremos que soportar la ansiedad de pensar que en cualquier momento podemos pasar a engrosar un poco más las listas del paro. En general, supone la tranquilidad de saber que no tendremos problemas para seguir llevando el estilo de vida que llevamos. Por lo tanto, la estabilidad estaría más ligada con la vida personal.

En cambio, la zona de confort está más relacionada con el ámbito laboral. Debo aclarar que no me gusta el término "zona de confort" porque presupone que la persona que se encuentra en ella está confortable. Mucha gente acomodada en ese estado no sólo no se siente confortable, sino que sufre muchísimo. Abandonar la zona de confort es una cuestión de actitud.

Quedarse en la zona de confort supone mayor comodidad y algunos peligros:

  • En un momento de crisis como el actual, con entornos laborales muy cambiantes, quedarse en la zona de confort puede suponer poner en peligro nuestro propio puesto de trabajo. 
  • Estancamiento profesional. Haciendo lo de siempre no aprendemos. No estar atento a los cambios no sólo hará que no mejoremos como profesionales, sino que además podemos quedarnos desfasados.
  • Insatisfacción. En la zona de confort no se progresa. No superar ningún reto hará que nuestra autoestima no reciba ningún refuerzo.

Hay gente que confunde salir de la zona de confort con trabajar más horas. No se trata de trabajar más, sino de atreverse a asumir nuevos retos con valentía y sin temor a equivocarnos. Sólo de esa manera se progresa profesional y personalmente.


2 muestras de paternalismo en el mercado laboral

En el argot de los departamentos de RRHH abundan conceptos que presuponen la importancia y la madurez del empleado. Hablamos de delegar, de...