martes, 13 de diciembre de 2016

Se trata de evolucionar, no de revolucionar

Hace un tiempo, después de unos pocos días trabajando en un nuevo empleo, el gerente me preguntó la opinión que tenía de las políticas de RRHH de la compañía y me pidió las ideas y sugerencias de mejora que tenía en aquel momento. Yo acababa de aterrizar y mi procedencia era otra empresa completamente diferente en todos los aspectos, por lo que me resultaba fácil identificar muchas cosas que, al menos, llamaban mucho mi atención. Sin embargo no mencioné ninguna de ellas y le pedí tiempo antes de poner en duda los métodos de trabajo que habían conseguido mantener a la compañía con buenos resultados económicos hasta aquel momento. Insistió, pero yo sabía que hablar más de la cuenta en aquel momento podría costarme arrepentirme en el futuro.

A medida que fueron pasando las semanas, me fui aclimatando a mi nuevo ecosistema, completamente diferente al que había vivido durante muchos años en mi empleo anterior. Una vez conocida la cultura, los valores y las necesidades reales que tenía la empresa en aquel momento, los métodos y procesos de RRHH empezaron a cobrar mayor sentido para mí. En ese momento, hice un informe, me reuní con Gerencia y empezamos a introducir, de forma progresiva, cambios en el día a día de la gestión de personas. Ahora tengo claro que si hubiera querido hacer una revolución, aunque era lo que el cuerpo me pedía en algunos momentos, me hubiera estrellado.
Tengo la sensación de que el management en general se está contagiando de esa "necesidad de cambio constante" que los grandes gurús nos intentan inculcar. Parece que si no abandonamos nuestra zona de confort y no vivimos eternamente en situación de estrés, es imposible que seamos alguien en la vida, aunque ya vimos en el blog que esto no es así. ¿Y si todo va bien? ¿y si necesito dar un tiempo a los cambios que he introducido para ver si funcionan antes de hacer más modificaciones? ¿y si no soy mucho mejor profesional que las personas que estaban antes que yo en el cargo? ¿y si las políticas que funcionan muy bien en una empresa no encajan en otra que es diferente?

Creo que, en el fondo, es una cuestión de humildad, de asumir nuestras propias limitaciones y entender que somos nosotros los que debemos adaptarnos al entorno y a partir de ahí irlo modificando poco a poco. Salvo algunas excepciones, dónde la gestión realmente haya sido desastrosa y no tendremos tiempo para maniobrar, hay que dedicar tiempo y esfuerzo al análisis. De lo contrario, nos identificarán como bichos raros y nos expulsarán.