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jueves, 21 de abril de 2016

Sobre oficinas abiertas...


Son muchas las empresas que presumen de tener espacios completamente abiertos, dónde todos los trabajadores trabajan en un espacio común para fomentar el espíritu de equipo y el sentimiento de pertenencia al grupo. Sin embargo, después de haber trabajado en este tipo de empresas y en otras con estructuras físicas mucho más cerradas, me he dado cuenta de que ninguna de las dos es “ideal”.

La primera conclusión es que una estructura abierta no significa necesariamente menor jerarquía. Permite un mayor control de todos los movimientos de todos los empleados, por lo que puede ser percibido como un mayor control por parte de los empleados. Si tomas un café, todos ven si es un cortado o un café solo. En este tipo de empresas existe la sensación de falta de privacidad, lo que puede ser un grave problema para nuestra gestión del día a día y para buscar una relación de cercanía y confianza con el resto de empleados.

Existen también problemas de concentración grupales. Cualquier cosa que suceda despista a media oficina. Además, es evidente que el nivel de ruido percibido por cada empleado es superior.

En determinadas situaciones, puede producirse un incremento de la conflictividad laboral, ya que el roce entre empleados e incluso entre departamentos es mucho más habitual. De hecho, algunos estudios demuestran que en las empresas con oficinas abiertas, el absentismo es significativamente mayor.

La solución intermedia sería una oficina mixta, con pequeños espacios aislados en los que poder reunirse de forma privada. Pero esto no reduce ni el ruido ni la sensación de que todo el mundo es consciente de que estás hablando con alguien. De hecho, en este tipo de empresas es más habitual hablar por mail o algún servicio de mensajería que en persona.

En algunas empresas, tener un despacho privado es un símbolo de poder y estatus, ya que sólo los directivos poseen uno. Es curioso, a mayor rango, menor debería ser el trabajo en solitario a realizar…

En cualquier caso, la estructura física de la empresa, marca y refleja la filosofía y la cultura de la misma y nos exige a adaptarnos a los requisitos de la misma para que la plantilla nos perciba como un departamento cercano y de confianza.

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