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lunes, 18 de mayo de 2015

Echa la culpa a otro. Serás mediocre pero feliz

Lo aprendimos de forma inconsciente cuando decíamos: "he aprobado 4 y me han cateado 3". No éramos conscientes pero estábamos atribuyendo la responsabilidad de nuestros éxitos a nosotros mismos y la de nuestros fracasos a los demás. Nadie aprobaba mates porque le cayese muy bien al profe, pero sí sucedía de forma frecuente lo contrario. En la facultad de psicología de la UAB nos explicaban que esto era un mecanismo inconsciente para proteger nuestra autoestima. Parece que si nos hiciéramos culpables de todo lo malo que nos sucede, no podríamos soportarlo.
En el entorno laboral sucede algo parecido. Todos quieren salir en la foto cuando se consigue algo positivo, pero se esconden lo mejor que pueden y saben cuando hay un problema. En realidad, a quién atribuimos la responsabilidad de las cosas que nos pasan puede llevarnos de la excelencia a la mediocridad. Echar la culpa a otros de nuestros "suspensos" es una irresponsabilidad. Si además nos lo creemos, no haremos nada por mejorar esos mediocres resultados. Eso sí, nuestra autoestima se mantendrá muy alta. Si sucede lo contrario, es decir, nos atribuimos "suspensos" que no dependen al 100% de nuestro esfuerzo(p.ej. soy un gran comercial pero el producto que vendo se está quedando fuera de mercado), no mejoraremos nada por más que nos esforcemos, porque hay una parte que escapa a nuestro control.

La responsabilidad y la madurez pasan por autoatribuirnos aquellos resultados (buenos o malos) que dependen realmente de nuestra gestión. Sólo de esta manera, seguiremos haciendo aquello que nos da buenos resultados y corregiremos aquellas conductas que nos llevan a consecuencias no deseadas.

Este problema, puede ser muy grave cuando se generaliza en una organización. Es fácil de detectar: nadie es capaz de decir "lo siento, me he equivocado". La causa suele ser un alto temor a las consecuencias del error por la no aceptación del mismo en la cultura de empresa. De esta forma, se repetirán las mismas consecuencias que hemos visto anteriormente pero a nivel grupal: no podrán mejorarse procesos ineficientes por la no aceptación de los mismos.

Entender que el error es propio de quién desarrolla una actividad y no condenarnos por ello, nos hará un poquito más infelices por saber que no somos perfectos, pero también nos convertirá en empleados y empresas infinitamente mejores.

martes, 5 de mayo de 2015

El nuevo papel de los sindicatos

Hace sólo unos días se celebró un año más el día del Trabajador. Y fue eso: uno más. Manifestaciones a las que cada vez acude menos gente, en la tele el mismo discurso de siempre con la voz de los de cada año...

Por mucho que algunos se empeñen en defender lo contrario para defender su trono, lo cierto es que la distancia entre el trabajador y sus representantes es cada vez mayor: menor número de afiliación, menor poder de convocatoria, peor imagen social... Parece que nos hemos olvidado de todo lo que consiguieron los sindicatos hace sólo unas pocas décadas en este país. Tal vez el problema es que los que vivieron aquella época ya se ha jubilado o están cerca de hacerlo y los que venimos detrás hemos tenido, a menudo, una experiencia muy diferente. 

Los sindicatos no están de moda. A los delegados sindicales se les asocian un montón de tópicos muy destructivos e infundados: "se meten en el sindicalismo para vivir bien", "lo hace para estar protegido si lo quieren echar" o "otro a chupar del bote". Es obvio que, como en cualquier colectivo, hay gente buena y mala, profesionales y no profesionales, trabajadores y no trabajadores.

Ser un delegado sindical de convicción es uno de los trabajos más sacrificados y desagradecidos que conozco. En mi experiencia, he visto como delegados sindicales que habían peleado mucho por una mejora para un compañero, eran criticados a posteriori sin recibir ningún tipo de agradecimiento. Los buenos delegados sindicales no sólo defienden al trabajador, sino que al hacerlo, normalmente, también benefician a la compañía. Lo cierto es que creo que para ser un buen delegado sindical, tienes que tener una pasta especial.

¿Entonces por qué ese desapego con nuestros representantes? ¿cuáles son los errores que me he encontrado en muchas ocasiones?

  1. Siguen trabajando de la misma manera que hace 40 años.
  2. Venden a sus afiliados la oposición frontal a las propuestas de la empresa, no negocian con ella. 
  3. Trabajan como colectivo, olvidando los problemas individuales de los afiliados en cada centro de trabajo.
  4. No representan a todas las ideologías. ¿Un trabajador de centro o derechas no tiene representación sindical?
  5. Están vinculados a partidos políticos. El sindicalismo debería ser apolítico.
  6. No han establecido mecanismos de control para prevenir posibles casos de corrupción.
  7. Critican pero no hacen propuestas constructivas para la mejora en la organización de la empresa.
El sindicalismo, como cualquier elemento que forma parte de la gestión de personas, debe actualizarse para ser atractivo y percibido como útil para los afiliados. Por otro lado, los trabajadores no deberíamos olvidar la historia para saber valorar el papel que el sindicalismo ha desarrollado en las relaciones laborales de este país. Todavía falta mucho para que algunos entiendan que no hay patrón sin obreros ni obreros sin patrón.

Nueve indicadores de la gestión de #RRHH

Uno de los grandes problemas para demostrar la importancia de los departamentos de RRHH es que no producimos un beneficio tangible o eviden...