martes, 1 de octubre de 2013

Pasión, el motor de la excelencia

El pasado domingo, a las 6,30 de la mañana, sonaba el despertador. No era día de trabajo, pero había quedado con unos amigos para hacer un viaje en coche de una hora aproximadamente para ascender en bicicleta al Turó de l'Home, el pico más alto de Cataluña. 26 kms de dura ascensión para coronar 1.700 metros de altura. Sufrimiento hasta la cima. Al llegar arriba, felicitaciones entre nosotros, un par de fotos y de nuevo en marcha para volver al coche. 

Cuando lo explico, mucha gente me dice cosas del tipo "¡vaya ganas!", "con lo bien que se está en la cama", "hay que tener fuerza de voluntad", etc. Nosotros, en cambio, nos lo pasamos en grande. La diferencia entre los que me ven como un loco y los que no, es la pasión por el deporte o, más concretamente, por la bicicleta. Seguro que muchos preferirían trabajar todo el día a subir el Turó de l'Home en bicicleta, pero nosotros subimos voluntariamente y con muchísima ilusión (estuvimos preparando la ruta durante toda la semana). 

En el trabajo sucede algo similar: Lo que no nos atrae nos supone un duro esfuerzo, mientras que ciertas cosas las hacemos fácilmente e incluso con cierta ilusión. Con algunas tareas sólo disfrutamos cuando las vemos finalizadas, mientras que en otros casos nos sentimos bien mientras las realizamos. Cuando nos estamos bien haciendo algo, le ponemos mayor interés en el desempeño: preguntamos como mejorar, buscamos información adicional, nos formamos, dedicamos más tiempo, etc. Al ponerle mayor interés, cada vez nos hacemos mejores en aquello a lo que le dedicamos más recursos. La pasión genera el impulso de hacer cosas. 

En el trabajo sucede algo similar: Lo que no nos atrae nos supone un duro esfuerzo, mientras que ciertas cosas las hacemos fácilmente e incluso con cierta ilusión. Con algunas tareas sólo disfrutamos cuando las vemos finalizadas, mientras que en otros casos nos sentimos bien mientras las realizamos. Cuando nos estamos bien haciendo algo, le ponemos mayor interés en el desempeño: preguntamos como mejorar, buscamos información adicional, nos formamos, dedicamos más tiempo, etc. Al ponerle mayor interés, cada vez nos hacemos mejores en aquello a lo que le dedicamos más recursos. La pasión genera el impulso de hacer cosas.
El reto de las organizaciones es identificar la pasión de cada uno de sus miembros y aprovecharla. El problema es que la pasión surge de las emociones y son muy individuales. En la identificación surge otra dificultad: saber diferenciar entre pasión y talento. Podemos ser muy hábiles haciendo una tarea sin que nos llene como personas. Sólo hay una manera de identificar la pasión: escuchando a la gente, preguntando por sus gustos, aficiones, expectativas, etc.

El reto de las personas es encontrar su verdadera pasión y convertirla en una profesión. Sólo de esta manera alcanzarán la verdadera felicidad en su trabajo.