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viernes, 15 de julio de 2011

Cuando despedir es casi un delito

El pasado sábado salí con unos amigos a tomar algo a una terraza. Al rato de estar sentados se presentó un chico con una presencia "poco cuidada". Saludó con un "hola" y empezamos a pedir. Al cabo de un rato se presentó con las bebidas en una bandeja que aguantaba con las dos manos. Apoyó la bandeja en la mesa y, sin darse cuenta de que la mesa estaba llena de migas de pan, empezó a pasar las bebidas al cliente que estaba sentado a su lado para que las pasara al resto de personas. Evidentemente, para pagar tuvimos que entrar dentro del local a pedir la cuenta, ya que el chico no volvió a aparecer por la terraza.

No es mi intención culpabilizar a la persona que nos atendió porque supongo que su jefe es consciente de las aptitudes que tiene para trabajar como camarero. Sin embargo, mientras prestaba atención a su servicio no dejaba de preguntarme ¿no habrá camareros más preparados buscando trabajo?



De la misma manera que como no voy a volver al mismo bar porque creo que el servicio que recibí deja mucho que desear, el empresario debe ser exigente con su plantilla. Evidentemente debe facilitar la profesionalidad de todas las formas posibles, pero si las actitudes del personal no son las correctas ¿qué motivos le obligan a mantener a un trabajador poco cualificado en plantilla? No despedir al personal poco profesional o con actitudes poco apropiadas penalizan a la empresa, a la sociedad (en un contexto de crisis el país necesita empresas productivas y competitivas que generen riqueza) y al trabajador cualificado y con ganas que está en paro y dispuesto a asumir ese puesto.

Despedir a un trabajador debe ser algo muy meditado. Debemos estar seguros de que no hay ninguna manera de corregir la situación, pero si llegamos a la conclusión de que el despido es la única vía de escape porque el trabajador no muestra ningún interés en mejorar, debemos hacerlo. De lo contrario, estaremos penalizando seriamente la competitividad de nuestra empresa. En según que casos, cueste lo que cueste la indemnización, la empresa estará realizando una inversión.

De todos modos, es necesario que nos recordemos a nosotros mismos que tras todos los casos de inadaptación que acaban en despido, hay un error de gestión de recursos humanos: selección equivocada, no se ha motivado, no se han cumplido las expectativas, no se ha dado la formación necesaria, etc. La mejora continua parte de la autocrítica constante.

¿Quién es el cliente de RRHH?

Todo trabajador, tanto si trabaja por cuenta propia como si lo hace por cuenta ajena, debe tener muy claro quién es su cliente. Sólo de est...